Mientras veías a España levantar la copa el domingo en el MetLife, en Zúrich cerraban otra cuenta: la FIFA terminó el Mundial 2026 con ingresos por 15,000 millones de dólares, la cifra más alta en la historia del organismo y 36% arriba de los 11,000 millones que ella misma había proyectado antes del torneo. El gol de Ferrán Torres al minuto 106 definió al campeón; la caja estaba definida desde antes.
Para dimensionarlo: es prácticamente el doble de lo que dejó todo el ciclo de Catar 2022. El anuncio lo hizo el propio Gianni Infantino ante las federaciones afiliadas, con el torneo todavía caliente. La apuesta que muchos criticaron —inflar el formato a 48 selecciones y 104 partidos— resultó ser, en términos de caja, la decisión más rentable que ha tomado el futbol organizado.
De dónde salió el dinero
El motor principal no fue la televisión: fueron los boletos y los paquetes de hospitality, con un empujón decisivo del mercado secundario. La FIFA operó su propia plataforma de reventa autorizada y cobró comisión en cada operación: 15% al comprador y 15% al vendedor. Cada boleto que cambió de manos —y con la reventa que documentamos en México, fueron muchos— dejó dinero dos veces en la misma ventanilla.
Los estadios: llenos como nunca en 96 años de Mundiales
La expansión a 104 partidos venía con un riesgo evidente: estadios vacíos en los duelos menores. Ocurrió lo contrario. Solo la fase de grupos registró 4,644,549 asistentes, una cifra que por sí sola superó la asistencia total de cualquier Mundial anterior —el récord estaba en los 3.58 millones de Estados Unidos 1994. Tras los dieciseisavos de final el acumulado llegó a 6,259,584 aficionados, con ocupación promedio de 99.7% y una media de 65,204 espectadores por partido.
Hubo además un día histórico: 281,223 personas entraron a cuatro partidos en una sola jornada, el día con mayor asistencia que haya registrado una Copa del Mundo.
Lo que repartió: 727 millones, el 4.8% de lo que ingresó
La contribución económica total de la FIFA a las selecciones fue de 727 millones de dólares: 655 millones en premios para los 48 participantes —50% más que en la edición anterior— y el resto en gastos de preparación, con un piso de 9 millones por selección más 1.5 millones para preparativos. España, la campeona, se llevó 50 millones de dólares. Suena enorme hasta que haces la división: la bolsa completa de premios equivale a menos del 5% de los ingresos del torneo, y lo que cobró la campeona es una 300ª parte de lo que facturó el organizador.
Ya habíamos documentado cómo funciona esta pirámide por dentro: las jugadoras de EUA cobrarán $6.4 millones del Mundial masculino sin jugar un minuto gracias a su convenio colectivo, mientras que un seleccionado mexicano cobra $140,000 pesos por convocatoria.
¿Y México qué se llevó?
La fiesta mexicana tuvo su propio cierre de récord: el FIFA Fan Festival del Zócalo acumuló cerca de 2 millones de asistentes entre el 11 de junio y el 19 de julio, el más concurrido del torneo. La derrama nacional estimada rondó los $2,570 millones de dólares que ya desglosamos nota por nota, con los aficionados mexicanos pagando los boletos más caros del torneo.
Pero el saldo emocional-financiero del aficionado local fue otro: la eliminación en octavos ante Inglaterra dejó un recibo de entre $200 y $2 millones de pesos por persona, según qué tan lejos llegó cada quien en su ilusión del quinto partido.
El Mundial de los tres países terminó siendo, sobre todo, el Mundial de una sola caja registradora. Las ciudades pusieron policías, trenes y estadios; los aficionados pusieron los boletos más caros de la historia; y el organismo con sede en Zúrich pulverizó su propia meta de ingresos en 4,000 millones de dólares. Si la fiesta la pagamos entre todos, ¿te parece justo que la caja completa se quede en Zúrich?